Desde siempre protagonista en la historia, amado y venerado por civilizaciones enteras, temido y torturado por miedos religiosos, olvidado y desamparado o respetado y mimado, nuestro felino debe todas estas atenciones a su misticidad, al estrecho lazo que lo une a lo divino, a lo sagrado, al mundo de los espíritus y de lo invisible.

No se puede hablar del gato como de un animal cualquiera porque es el único que no se puede fichar (esquematizar o sintetizar), no se puede escribir en un molde ni definir de manera alguna.

Es un puente sólido con otras dimensiones, la llave por acceder a mundos paralelos y esto lo ha hecho divinidad y objeto de culto por los antiguos egipcios, un pueblo profundamente atado al mas allá, con un día a día imbuido de divino y arraigadas creencias que hasta hoy, después de 5000 años los ponen en la cumbre de la civilización y de la magnitud.

Siempre por su halo mágico ha sido perseguido y maltratado en tiempos mas cercanos (recientes), convicto por los miedos de la ignorancia, torturado por la superstición. Chivo expiatorio indefenso de las mentes obtusas.

Su popularidad se encuentra todavía mencionada por las grandes mentiras de las que ha sido objeto pero existe una esperanza y no por él, el gato, que sigue risueño y misterioso envuelto en su halo mágico, acompañándonos en el camino.

Sin embargo para nosotros humanos, que caminamos tímidamente hacia una nueva conciencia y una mas grande espiritualidad, la esperanza para nosotros de volver a ver en el gato la esencia de lo divino que nos acerca a una mejor visión del mundo, una mas amplia percepción de la vida y nos permite vislumbrar una sabiduría infinita.
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Durmiendo con las Estrellas